En muchas ocasiones el driver se encuentra instalado en la propia lámpara LED y no es visible. Suele ser así en lámparas pequeñas o apliques de uso doméstico. Esto facilita su instalación.
En lámparas y luminarias LED de alta potencia y aplicaciones destinadas a usos industriales, constituidas por múltiples chips LED, los drivers son externos y regulan la potencia de varios chips a la vez: la tensión se irá regulando automáticamente en función de la cantidad de LEDs que se conecten. Los drivers externos tiene la ventaja de que son fácilmente sustituibles.
Un controlador LED debe asegurarnos máxima eficacia. O lo que es lo mismo: cero pérdidas de energía. Como hemos comentado en anteriores posts, el aprovechamiento real de la energía eléctrica consumida se mide por el valor del factor de potencia (PFC o Power Factor Correction). Si el valor es igual a 1 significa que toda la electricidad que llega a la fuente de alimentación se ha aprovechado. Si es de 0,5 quiere decir que la mitad de energía eléctrica se ha desaprovechado en la conversión.
Hay que tener cuidado a la hora de adquirir una luminaria LED y asegurarse de que el driver incorporado es de calidad. Un LED puede tener una vida útil de hasta 100.000 horas, pero si tenemos que cambiar el driver cada 5.000 horas, no estamos optimizando nuestra inversión.
Muchos proveedores de soluciones LED optan por diseñar y construir sus propios drivers. Lo que a priori puede parecer una ventaja, en realidad suele revelarse como un error, ya que suelen fallar más que los drivers de fabricantes especializados, que además pueden reemplazarse más fácilmente.
Los drivers son cruciales para ayudar a los sistemas de iluminación basadas en LED alcanzar su pleno potencial en términos de larga vida útil, eficiencia energética y otras características beneficiosas. Recuerde: un controlador LED debería durar tanto como el propio LED.

